lunes, 1 de junio de 2015

Introducción

Tengo 26 años, nueve meses y 23 días. Salí de la universidad hace dos años. Hace año y medio que trabajo. Estoy con mi pareja hace tres años, seis meses y 9 días. En un par de días me voy de casa junto a él. Releo quien fui alguna vez. Aquellos versos que escribí sentada en esta misma cama, en esta misma habitación. Sin embargo parecen palabras de alguna cercana familiar, o una amiga muy cercana. ¿Realmente era yo tras esas letras? Ya dejé la adolescencia, y la juventud es cada vez más avanzada, llegando a ese fatídico estado que algunos denominan como ''adulto joven''. En mis letras reconozco la intensidad de mis emociones, el fulgor de mi piel, la sed de pasión, la melancolía, la tristeza desgarradora. Ahora escribo y no puedo evitar ser racional, de tratar los hechos de manera objetiva, y seguir reprimiendo mis emociones. Vuelvo a las letras porque ellas me han llamado. O las he encontrado en el momento justo cuando me perdía en mi misma, sin salida, sin poder descifrar el torrente de emociones que me asolaba. Vuelvo a las letras para entenderme, reelerme, criticarme, escucharme, desenredarme. ¨Para reencontrarme. Vuelvo a las letras porque sólo en ellas recuerdo quien soy.